Mi Dios que sana

Lucas 8:43 nos habla de una mujer que tocó el manto de Jesús buscando ser sana; ella llevaba 12 años con un padecimiento  físico y nadie podía curar tal mal.

Las mujeres no solo somos susceptibles a padecimientos físicos, sino también emocionales. 

Imagino que la mujer que tocó el manto de Jesús con tal padecimiento no se sentía cómoda frente a los demás, quizás hasta evitaba socializar con otros. Hay situaciones en nuestras vidas que pueden haber originado timidez y que incluso pueden haber limitado nuestras relaciones con los demás.

Los trastornos muchas veces nos descomponen a tal punto que nos impiden llevar una vida plena.

Por eso quiero invitarte a que ya no lo pienses más, tan solo da el paso de fe, tal como aquella mujer que no dudo en acercarse a Jesús. Ella no perdió las esperanzas, aún con su limitada actitud para socializar, pudo hacerse espacio entre la multitud porque tenía fe de que Jesús podía ayudarle. Y así fue, al instante sanó (v.44) física y seguramente también emocionalmente. 

Pon ese dolor en manos de Dios, dile cómo te sientes, y ten la seguridad que El te ayudará, tu vida cambiará y ya no serás la misma. 

Mi Dios que sana.

Por Aleza Serrano