Nuestra alimentación

Veamos qué hace el herrero: toma su cincel y, después de calentar el metal entre las brasas, le da forma a golpes de martillo. Lo trabaja con su fuerte brazo. Pero si el herrero no come, se le acaba la fuerza, y si no bebe agua, se cansa.(Isaías 44:12/dhh).

«El mundo corre muy rápido» y muchos por sus múltiples ocupaciones descuidan su alimentación, aún cuando hoy más que nunca necesitamos fortalecer nuestro sistema inmunológico.

Persona que no come, muere. La palabra de Dios nos muestra en múltiples pasajes la importancia de tener una buena alimentación física y espiritual. 

Cuando Jesús terminó de dar sus enseñanzas a orillas del mar de Galilea, se preocupó mucho porque las personas que lo acompañaban recibieran alimentos. Y aunque debido al momento de escasez de la época solo habían cinco panes y dos pescados; Jesús pronunció sobre ellos la bendición y éstos se multiplicaron! La gente comió hasta quedar satisfecha, e incluso recogieron en doce canastos los pedazos sobrantes.

La alimentación es una necesidad que va mas allá de lo físico, necesitamos también alimentar nuestro espíritu. Jesús fortaleció la fe de las personas dándoles el «pan de vida» que es la palabra de Dios; luego atendió sus necesidades físicas, no les permitió pasar hambre, porque «El apaga la sed del sediento y sacia con lo mejor al hambriento» (Salmos 107:9/nvi)

Dios tiene cuidado de nosotros, cuidémonos nosotros también. 

Y en la medida de nuestras posibilidades sigamos el ejemplo de Jesús y demos de comer a otros física y espiritualmente, siempre con amor.

Linda tarde,

Pamela Alcázar